ENFRENTANDO AL CAFTA CON AROMA DE BANANO Y DE CAFÉ

Por Ing. Medardo Galindo Mayorga 1/


Continuando la secuencia en la cadena de exportación agropecuaria bajo el marco de la Estrategia 2020; en la columna anterior mencionábamos que como primer requisito para planificar una producción y exportación agropecuaria debe contarse primero con un contrato o por lo menos con una promesa escrita de compra debidamente firmada. Una vez asegurada la misma viene como secuencia lógica otro tema sensible constantemente mencionado por los agricultores hondureños como la causa del estancamiento de la producción agropecuaria hondureña, la falta de financiamiento.

Recuerdo que a inicios de la década de 1960, la agricultura era considerada aún el camino a seguir para alcanzar el anhelado desarrollo económico del país, y era una actividad de orgullo y meta de muchos jóvenes de entonces que se lanzaron al estudio de las ciencias agronómicas como culminación de la meta para alcanzar una carrera de éxito en su vida. Las empresas más grandes y fuertes del país eran aún las transnacionales bananeras e incluso a la Tela Railroad Company, denominada simplemente como “la Compañía”, ya que era considerada la “Meca” de todo profesional del agro. También de muchos campesinos emigrantes del interior del país que venían a la Costa Norte buscando el anhelado sueño Americano, con la diferencia que en ese entonces el sueño estaba en Honduras y no necesitaban irse de “mojados” hacia los Estados Unidos, si no que llegaban en transporte terrestre hasta La Lima, donde estaba el centro de operaciones de “la Compañía”. Otro tanto hizo la Standard Fruit Company, con su centro de operaciones en La Ceiba donde se formó otro gran emporio de desarrollo bananero.

¿De donde venía el capital de financiamiento de estas grandes empresas? Sencillamente, el capital venia de inversionistas americanos quienes creyeron en la agricultura, habiendo investigado e identificado previamente un mercado de exportación; también habían desarrollado formas modernas de transportar un producto tan perecible y llevarlo por vía marítima con una calidad impecable hasta la mesa del consumidor. Lógicamente debió ser una actividad altamente rentable para poder multiplicar todas las ganancias en otras actividades de diversificación, y que alcanzara aún para dedicar gran cantidad de recursos, no sólo al desarrollo económico, sino también a materias de salubridad y educación en los lugares donde operaron.

Casi paralelamente, en las zonas montañosas, los gobiernos de ese entonces se habían dedicado a fortalecer el cultivo del café como una actividad de prioridad nacional, y se conformaron infraestructuras de producción, apoyo y fortalecimiento a la exportación de ese rubro. El financiamiento provino de comerciantes locales, que lograron identificar mercados de exportación en Europa y Asia. Fue tan exitoso este rubro, que antes el decir que se era cafetalero, era sinónimo de gente adinerada y próspera. En realidad lo fue, y hasta formó un banco que financiaba las actividades de producción.


Si analizamos estos dos ejemplos anteriores, vemos que el factor común que propulsó su desarrollo fue que, en primer lugar se contaba con un mercado donde colocar el producto, subsecuentemente vino la inversión que creó el desarrollo tecnológico. Finalmente, lo que ha creado los altibajos en las mismas ha sido el desgaste natural del mercado por efectos de la competencia, que culminó con excesos de oferta y una consecuente baja en los precios internacionales.

¿Pero es la agricultura aún la opción económica para el desarrollo del país? Siempre hemos sostenido que los gobiernos deben diferenciar entre lo que es el desarrollo social y el desarrollo económico. Es muy importante para el nuevo gobierno que arranca sus actividades bajo el marco económico del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (CAFTA), entender que ahora más que nunca en nuestra historia predominarán las fuerzas del mercado, y el temor de algunos sectores sensibles de la agricultura nacional ante esta realidad. Aquí es donde consideramos debe verse con claridad la brecha; los rubros de banano y café ya no son los fuertes monocultivos que sostenían la economía del país, y entendemos que un gran segmento de la población rural viven de este rubro, sin embargo, debemos estar claros que las fuerzas del mercado ya no están a favor de los mismos, y que en términos económicos se debe invertir los recursos en nuevos rubros más rentables para la economía nacional. Por tanto, deben buscarse otras estrategias para sostener el balance social que puede afectarse al haber pérdida de empleos y deterioro en las condiciones económicas de los productores y empleados de estos rubros.

En columnas anteriores, hemos ya descrito el éxito alcanzado por los rubros no tradicionales y el crecimiento sostenido que han mostrado. En por eso que consideramos que es en este campo donde el nuevo gobierno, y gobiernos futuros, deben apostar. Hemos visto el desarrollo social de nuevos polos como Choluteca y Comayagua que han crecido a la sombra de estas nuevas agroindustrias, las cuales representan opciones de ofensiva ante el CAFTA, por lo cual las debemos cuidar, y al mismo tiempo ir buscando opciones de reemplazo para cuando el mercado madure completamente y comiencen también su período de decadencia.

Mientras tanto, debemos enfrentar con optimismo, sabiduría y decisión los nuevos retos, porque ya tenemos ejemplos de éxito, y ya hay caminos recorridos que nos pueden llevar a enfrentar con éxito estos nuevos senderos de la globalización. Sólo tenemos que reordenarnos y seguir desarrollando nuestras agroexportaciones con ese aroma de banano y café.

1/ Gerente General de FPX desde 1993, Ing. Agrónomo y Master en Ciencias Hortícolas, Experto en Agronegocios de Exportación, (mgalindo@fpxhn.net). Visite nuestra pagina web www.fpxhn.net , la fuente más actualizada en Agro Exportación.

 

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